Todo se acaba, así de simple, así de sencillo.
Se acaba sin la oportunidad de anticiparnos normalmente a
prepararnos para aquello que está a punto de estallar en mil pedazos.
Nos hacen creer que nos preparan para superar una muerte
cuando se lleva una ser querido, pues en la mayoría de las ocasiones son hechos
que suceden por ley de vida. Pero
llegado el momento nadie tiene el valor para afrontarlo cuando hay que saber
decir adiós.
Nos preparan para afrontar una caída, una enfermedad, perder una batalla o para el miedo más oscuro
que a veces se encuentra en nuestro interior.
¿Pero quién nos prepara para un corazón roto?
Nadie. Solo uno sabe lo que es sentir como los latidos de tu
corazón se notan cada vez más ahogados, como si por un momento creyeras que tu corazón
no tendrá fuerza de dar un nuevo latido.
Cada uno sabe superarlo a su manera, algunos intentan ahogar
sus penas en el alcohol, la escritura, el sexo, la ausencia o la mismísima muerte.
Otras personas se
refugian en su propio dolor y lo encierran como si de una parte de ellas mismas
se tratara, se aferran a ese dolor como único recuerdo de lo que una vez fue
amor verdadero para ellos.
En mi caso, me gusta sentarme a la intemperie cuando es de
noche, ponerme la música lo suficientemente alta para no oír mis propios pensamientos, que hacen estallar
mi cabeza.
Y allá, en el horizonte, donde veo la luna y las estrellas
brillar, cierro los ojos mientras noto derramarse una a una cada una de mis lágrimas,
llevándose consigo todo aquel dolor, pena, rabia o desamor.

Es cierto, nadie nos prepara para los corazones rotos. En el terreno de los sentimientos es uno el que aprende cada día, aveces a base de amor, otras a base de dolor. Nadie te enseña a mar, ni a odiar, ni a deshacerse de las penas; nadie te enseña a ser hijo, a ser padre o a roles tan difíciles como estos. Aprender es lo que llena nuestra vida, lo que nos hace crecer y madurar como personas. Ante las dificultades hay que crecerse, hay que saber cuando cerrar la puerta y empezar una nueva etapa en tu vida.
ResponderEliminar